Sly Dunbar: El latido del ritmo.
Hay músicos que ocupan portadas y otros que ocupan algo mucho más difícil de conquistar: el pulso interno de la música. Sly Dunbar fue uno de esos creadores invisibles que, sin levantar la voz, cambiaron para siempre la manera en la que el mundo entiende el ritmo. Su fallecimiento el 26 de enero, a los 73 años, no cierra una carrera: clausura una era.
Nacido en Kingston, Jamaica, en 1952, Lowell Fillmore Dunbar creció en una isla donde la música no era un lujo ni un pasatiempo, sino una forma de existir. Desde muy joven entendió que la batería no servía solo para marcar el tiempo, sino para contar historias. Aprendió escuchando, observando y tocando sin reglas fijas, desarrollando una intuición rítmica que acabaría convirtiéndose en su sello personal.
En los estudios de Kingston comenzó a forjarse su leyenda. Productores y músicos coincidían en lo mismo: Sly tenía un “feel” distinto. Sabía cuándo empujar una canción y cuándo dejarla respirar. Esa sensibilidad lo llevó a encontrarse con Robbie Shakespeare, bajista con quien formaría una de las alianzas creativas más influyentes del siglo XX: Sly & Robbie.
Juntos transformaron el reggae desde dentro. No se limitaron a respetar sus códigos: los expandieron. Introdujeron nuevas texturas, sonidos electrónicos, cajas de ritmos y una visión futurista que abrió el camino al dancehall y al reggae contemporáneo. Discos como Red o Anthem no solo definieron un sonido, sino una actitud: tradición y modernidad conviviendo sin conflicto.
“Sly no tocaba la batería, la pensaba”
dijo una vez Grace Jones, con quien colaboró estrechamente. “Entendía el ritmo como una conversación, no como una orden”.
Esa filosofía lo convirtió en un músico global. Desde Peter Tosh hasta Bob Dylan, desde Herbie Hancock hasta Serge Gainsbourg, Sly llevó su groove a contextos radicalmente distintos sin perder identidad. Su batería podía ser minimalista o compleja, orgánica o casi robótica, pero siempre tenía alma.
Lejos del virtuosismo exhibicionista, Sly practicaba la elegancia del espacio. Sus silencios eran tan importantes como sus golpes. En una industria obsesionada con el protagonismo, él eligió el camino opuesto: dejar que la canción brillara. Esa humildad artística es parte esencial de su legado.
Tras la muerte de Robbie Shakespeare en 2021, muchos pensaron que el capítulo de Sly & Robbie había quedado definitivamente cerrado. Sin embargo, Sly siguió siendo una referencia viva, un tótem rítmico al que se acudía para entender de dónde venía todo.
El 26 de enero, la noticia de su fallecimiento recorrió el mundo. Según confirmaron medios internacionales, Sly Dunbar fue encontrado inconsciente en su domicilio de Kingston y poco después se certificó su muerte. No se ha hecho pública una causa médica concreta, aunque su familia indicó que llevaba tiempo enfrentándose a problemas de salud. La noticia fue repentina, silenciosa, casi en consonancia con su forma de estar en la música.
Las reacciones no tardaron en llegar. Questlove, batería de The Roots, escribió:
“Sly Dunbar es la razón por la que muchos de nosotros entendimos que el groove no se aprende en libros, se siente en el cuerpo”.
Desde Massive Attack señalaron que :
“gran parte del ADN rítmico de la música contemporánea pasa directamente por Sly & Robbie, aunque muchos no lo sepan”.
En Jamaica, los homenajes fueron inmediatos. Radios, sound systems y estudios hicieron sonar sus producciones como una forma de despedida colectiva. No era solo un músico el que se iba: era un arquitecto del sonido nacional.
Sly Dunbar deja miles de grabaciones, pero sobre todo deja una manera de escuchar. Enseñó que el ritmo no es una cárcel, sino un espacio de libertad. Que la innovación no necesita destruir la tradición, sino dialogar con ella. Y que a veces, el golpe más importante es el que no se da.
Puede que su nombre no siempre aparezca en primer plano, pero su huella está en todas partes. En cada batería que prioriza el groove sobre la velocidad. En cada productor que entiende el estudio como un instrumento más. En cada canción que respira.
Sly Dunbar ya no está, pero su ritmo sigue marcando el tiempo del mundo.

